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Ejercicio y Salud

La mayoría de nosotros, aún los adictos a la TV o a quedarse horas en el sillón, sabemos que el ejercicio es bueno. Las investigaciones muestran que el ejercicio ayuda al sistema inmunológico, de manera que es bueno y necesario para la gente con VIH. Tiene sentido, ya que durante la mayor parte de la historia humana el ejercicio era necesario para sobrevivir, para poner comida sobre la mesa. El cuerpo humano está hecho para desarrollar una gran cantidad de ejercicio desde la infancia hasta la vejez.

En las ciudades de Estados Unidos, el estilo de vida es lo opuesto de lo que necesitan nuestros cuerpos. Podemos vivir día a día sin hacer casi nada de ejercicio. La actividad más común para la mayoría de la gente en la ciudad es ver la TV, frecuentemente mientras se come comida chatarra. ¡Esto ha llevado a que más de la mitad de los estadounidenses tengan sobrepeso!

Mucha gente de la ciudad deja de hacer ejercicio cuando salen de la preparatoria. En la mayoría de las escuelas primarias de Chicago, los niños solamente tienen clase de gimnasia una vez a la semana. No es fácil hacer ejercicio en la ciudad.

Por lo tanto,
¿cómo puede empezar a ejercitarse una persona VIH positiva que ha desarrollado un largo hábito de ser adicto a la TV?
La mayoría de las personas de bajos ingresos no puede costear el inscribirse en un club deportivo o contratar entrenadores personales como lo hacen las celebridades. Un ejemplo inspirador de una persona que empezó a ejercitarse es el Sr. M.P., un paciente del Centro Core. En 1997, él tenía 40 años y tenía el síndrome de desgaste por SIDA, neumonía PCP, aftas, y estaba muy débil. El día de hoy, en el año 2000, él está a punto de iniciar por segunda vez la Vuelta por el SIDA, que es un viaje en bicicleta desde Minneapolis, Minnesota hasta Chicago, Illinois para reunir fondos. Es un viaje de 500 millas a través de las empinadas colinas de Wisconsin, y toma 6 días en completarse. El Sr. M.P. logró completar esta vuelta ciclista por primera vez en 1999. Para aprender más sobre su impresionante cambio de estar muy enfermo de SIDA a ser un atleta ciclista de larga distancia, él nos compartió su historia.


¿Cómo se involucró en la Vuelta de 500 millas por el SIDA?
De joven, estaba muy involucrado en los deportes. Yo era un fanático de los deportes. Después de la preparatoria, me involucré con las drogas y dejé atrás los deportes y el ejercicio. Me casé a los 21 años y tuve hijos. Ocasionalmente, jugaba basketball. El mayor problema era mi continuo uso de las drogas, no mi vida familiar. Las drogas no me dejaban por nada.

Entonces, en el verano de 1996, mi peso descendió de 160 libras a 130 libras. Tenía manchas blancas en mi boca las cuales eran aftas. Fui a la sala de emergencias y el médico me dijo que debía hacerme la prueba del VIH. Pero no lo hice.

En febrero de 1997, estaba más enfermo y tuve que ser hospitalizado. Tenía neumonía PCP, aftas, un severo síndrome de desgaste por SIDA, diarrea durante meses, exposición a la tuberculosis y pesaba como 125 libras. Me hicieron la prueba y resultó que era VIH positivo.

Después de que salí del hospital, entré al Programa de Dependencia Química aquí en la Clínica de VIH del Hospital del Condado de Cook. Aprendí sobre el VIH. Decidí que mi mejor esperanza de supervivencia era dejar de usar drogas.


¿Qué aprendió en el programa de tratamiento de drogas?
Aprendí que el VIH te hace perder músculo. No solamente adelgazas, tus músculos se hacen más pequeños. Justo después de estar en el hospital, en febrero de 1997, yo estaba limpio, no había estado utilizando drogas. Estaba sentado en casa y entonces sentí los músculos de mi brazo y mi pierna. Se sentían como pudín, sólo carne colgando de los huesos, ¡no había músculos! Estaba asombrado. Había empezado a ganar peso pero el peso ganado no era músculo, era grasa.


¿Qué hizo entonces?

Lo que hice, sin que nadie me lo dijera, fue comenzar a hacer lagartijas. La primera noche no pude hacer ni siquiera una. Estaba impresionado. En la preparatoria, podía hacer lagartijas sin parar.

Así que seguí intentando hacer lagartijas, y sentadillas. Decidí que cuando tuviera que salir, si podía caminar, lo haría. Subía por las escaleras en vez de usar los elevadores. Al principio, las escaleras eran un problema enorme. No podía ni siquiera subir dos tramos de escaleras. Parecía imposible y me faltaba el aliento, pero seguí haciéndolo de todas maneras.


¿Todavía estaba muy enfermo de VIH?
Sí. Me sentía cansado todo el tiempo. En febrero de 1997, había comenzado a tomar 2 medicamentos contra el VIH. Pero mi carga viral de VIH estaba por las nubes. En julio de 1997, me dieron 3 medicamentos contra el VIH, incluyendo Indinavir o Crixivan. En un mes, 30 días, comencé a sentir una gran mejora en mi fortaleza. Podía subir escaleras y hacer más lagartijas. En sólo 30 días, mi carga viral de VIH estaba por debajo de 500.

Así que, entre julio y diciembre de 1997, básicamente hice lagartijas, ejercicio en casa, e intenté trotar. En la primavera de 1998, un amigo me animó a entrar en una carrera de 5 Km, y lo intenté. Me sorprendió estar entre los primeros 20 en mi grupo de edad.


¿Cómo se decidió a hacer la Vuelta por el SIDA?
Estaba visitando a un amigo que vive en la Casa Chicago, la cual es una residencia para personas con VIH. En la pared vi un cartel sobre la Vuelta por el SIDA. Para mí, sonaba como el máximo reto físico. No era una carrera, sino un viaje de 500 millas en bicicleta que me forzaría a hacer mucho ejercicio y a entrenarme. Significaba que tenía que hacer un compromiso a largo plazo para estar en forma. No me había subido a una bicicleta desde que era un niño. Me sentía muy inseguro, pero de todas maneras obtuve una forma de registro.


¿Cómo supo qué hacer para estar listo para la vuelta de 500 millas?

Algunas de las personas con quienes trabajo habían hecho una vuelta de 100 millas en bicicleta y me dieron consejos. Ellos me hablaron sobre la seguridad en bicicleta.

Primero, debía conseguir una bicicleta, en abril de 1999. Cuando la probé para ir a casa desde la tienda de bicicletas, que estaba en el centro, en esa primera milla, me preguntaba si había cometido un error. Tenía muchas dudas en ese recorrido de 10 millas a casa.

Decidí seguir trabajando más allá de las dudas, y no dejar que la duda me detuviera. Decidí seguir pedaleando. Todavía tenía esa duda cuando iba pedaleando en las primeras 10 a 15 millas. Pero seguí pedaleando. En mayo de 1999, comencé a recorrer en bicicleta las 8 millas hasta mi trabajo y de regreso. Después del trabajo, iba en bicicleta hasta el lago y 10 millas al norte, y de regreso a casa. Eso eran 40 millas al día. Para fines de mayo, incrementé mis recorridos a 60 millas, tanto sábados como domingos. Continué ejercitándome en casa, haciendo 300 sentadillas y 200 lagartijas al día.

A mediados de junio de 1999, un sábado, me levanté temprano y fui en bicicleta hacia el sur, a Hammond, Indiana, y entonces fui hacia el norte, a Evanston. Después me fui a casa. Eso fue un total 100 millas, viaje redondo. Me sentí realmente muy orgulloso de mí mismo.

Pero, también me di cuenta que tendría que pedalear 100 millas al día durante los 6 días de la Vuelta por el SIDA. Por lo que el siguiente día, el domingo, recorrí 100 millas otra vez. Ahí fue cuando averigüé qué tanto ayuda el estiramiento para evitar tener los músculos adoloridos. Cuando se hace el estiramiento antes y después del ejercicio se previenen la distensión y la rigidez de los músculos, y ayuda a estar listo para el recorrido del siguiente día.

Es sorprendente que al otro día de haber recorrido 100 millas ¡usted se levantó y recorrió 100 millas otra vez!
Bueno, fue un gran impulso mental para mí. Comencé a pensar que realmente podría completar la vuelta de 500 millas por el SIDA. Tengo una naturaleza competitiva, y sentía que la presión me haría bien ya que le estaba pidiendo a mucha gente que me apoyara (donando dinero). Recorrer 100 millas al otro día me ayudó a creer que podría recorrer las 500 millas sin que me recogiera la camioneta de apoyo. Después de eso, recorrí 100 millas todos los sábados y domingos. Y me levantaba a las 6 am para recorrer 30 millas antes del trabajo, y 40 millas después del trabajo, por lo que eran cerca de 80 millas de lunes a viernes.


¿Se sentía listo?

Sí. Volé a Minneapolis el domingo y la vuelta comenzaba el lunes. Me moví ágilmente en las primeras 50 millas, pero me cansé hacia el fin del primer día, que fue de 103 millas. El segundo día fue duro en las últimas 40 millas, pero lo completé.

El 3er día era llamado el día de las colinas. Sólo eran 70 millas, pero lo que ellos llamaban colinas se sentían como pequeñas montañas para mí. Pensaba que probablemente no sería capaz de subir cada colina, que tendría que caminar y llevar mi bicicleta hacia arriba y me dije a mí mismo que no me sentiría mal. Pero fui capaz de subir la primera colina. Entonces se convirtió en un reto para mí el subir todas las colinas.

Después del primer día de colinas, me sentía notablemente más fuerte. Comía realmente bien, muchas frutas, verduras y almidones.

El 6o y último día fue realmente notable. Estuvo lloviendo durante 90 millas y hacía frío, por lo que mi temperatura corporal estuvo baja desde el Condado de McHenry hasta Chicago. Cuando llegamos al Parque Grant, de 200 ciclistas, sólo había 70 adelante de mí. Por lo que terminé entre los primeros 100 ciclistas. Ya que llegué temprano a la línea de meta, me dediqué a animar a los otros ciclistas cuando finalizaban.

La nutrición es importante para la gente con VIH y para la gente que hace mucho ejercicio.

¿Cambió su manera de comer cuando comenzó a ejercitarse y a entrenarse para la Vuelta por el SIDA?
Cambié mucho en mi manera de comer. Cuando usaba drogas, tomaba pastelillos y una lata de Coca Cola en lugar de una comida.

Cuando averigüé que era VIH positivo y comencé a hacer ejercicio, comencé a concientizarme realmente sobre lo que comía. Mi meta en los días en que entrenaba mucho era ingerir 4000 calorías. Otros días, por ejemplo los días de 60 millas, ingería 3000 calorías o más. Necesitaba todo esto para mantener mi peso y generar músculo. Esta cantidad de calorías es el doble de lo que la persona promedio que no está en entrenamiento come normalmente. Me volví conciente del contenido nutricional de los alimentos, de las vitaminas, carbohidratos, proteínas y grasas. Aprendí a leer las etiquetas de nutrición. Con esta cantidad de alimentos me sentía lleno de energía. Tenía que planear cuándo comer y dónde obtendría alimentos durante un recorrido largo. También debía beber muchos líquidos, como gatoraid y agua. Cuando haces ejercicio, transpiras y pierdes líquidos. Tienes que reemplazar esos líquidos o perderás fuerza. Cuando estoy en un recorrido largo, llevo conmigo en la bicicleta 30 oz. de agua helada y 2 gatoraids de 16 oz.

La mayoría de los atletas dicen que a veces se sienten cansados o fatigados.

¿Cómo maneja usted la fatiga?
Hay días en los que me siento mal y sin motivación, pese a que mi VIH parece bien controlado. Mi cuenta de CD4 o células T nunca se incrementó grandemente, así que tal vez es por eso que a veces me siento así. Algunas veces me pregunto si es emocional, sólo mal humor. La depresión puede hacer que te sientas físicamente fatigado, y la fatiga física puede traer la depresión.

Cuando esto sucede, trato de leer más y encontrar cuál es la fuente de la fatiga.
¿Será que no estoy comiendo lo suficiente o que lo estoy haciendo mal, será emocional?
Entonces, trato de sobreponerme al sentimiento y de mantenerme haciendo ejercicio. Usualmente, si me distraigo, como cuando estoy en el trabajo, el sentimiento se va.


¿Qué tipo de consejo puede darle a una persona con VIH que va a comenzar a ejercitarse?

Le compartiría mi experiencia personal. Deben hablar con sus médicos para ver si está bien. Desde que he estado haciendo ejercicio, la diferencia en cómo me siento física y emocionalmente es enorme. Esto ha tenido un gran impacto en incrementar mi autoestima. Al principio, tuve todos los cambios en la grasa del cuerpo que son comunes a los inhibidores de la proteasa: el abdomen crecido y la lipodistrofia. En los últimos 3 años en que me he ejercitado, se ha revertido la forma en que me veo debido al ejercicio, a pesar de que he estado tomando inhibidores de la proteasa todo este tiempo. Esto es debido al ejercicio. A través del ejercicio fui capaz de combatir los cambios del cuerpo que se presentan cuando se tiene VIH y se están tomando inhibidores de la proteasa.

Comenzar a ejercitarse es cuestión de comenzar a hacer ejercicio, y de establecer metas. Escuche a su cuerpo y comience despacio. Ayuda el tener un compañero de ejercicio para mantenerse motivado. Cuando llegue a sus metas de ejercicio, puede sentirse realmente bien.


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